Los ejecutivos están dedicando un 37 % más de tiempo a gestionar los riesgos de la IA este año y esto no se debe a que la IA se haya vuelto más «peligrosa», sino a que por fin están comprendiendo todo lo que abarca este desafío. Lo más emocionante es también lo que nos quita el sueño: mientras que la IA ha avanzado a una velocidad vertiginosa, los sistemas de gobernanza siguen un modelo tradicional ya obsoleto.
Las lagunas en la gobernanza son reales y se están acrecentando
En nuestra encuesta a 1250 ejecutivos de Norteamérica y Europa, la abrumadora mayoría nos contó la misma historia: la IA está dejando al descubierto fisuras en los marcos de gobernanza, puesto que nunca se habían diseñado para sistemas que operasen a la velocidad de las máquinas.
¿Y qué pasa con ese aumento del 37 % del tiempo que dedica a gestionar los riesgos de IA? Esto no sucede de modo aislado, ya que casi tres cuartas partes de los ejecutivos admitieron que la IA ha puesto de manifiesto vacíos críticos en lo que respecta a la visibilidad, la colaboración y la aplicación de políticas. De hecho, para la mayoría, los procesos de gobernanza heredados ya están al límite debido a la complejidad de la IA.
Esto no es una cuestión abstracta; es una llamada de atención. El riesgo asociado con la IA está acelerando los plazos para la modernización y las organizaciones están respondiendo con importantes compromisos financieros. En este respecto, más de la mitad de los encuestados espera que sus presupuestos de gobernanza aumenten en más de un 20 % durante el próximo año. El mensaje es bastante claro: lo que está en juego es demasiado importante como para ignorarlo.
La IA ha alcanzado su madurez y se está adoptando
Una de las señales más claras que hemos descubierto es hasta qué punto la IA ya está más que integrada en las empresas. El 60 % de las organizaciones afirma que realiza un uso avanzado o maduro de la IA, que, p. ej., abarca desde la detección de fraudes en los servicios financieros hasta imágenes diagnósticas en el campo de la sanidad. Y casi una cuarta parte ya está ejecutando IA generativa en fases de producción, transformando lo que hace apenas dos años era una mera novedad en infraestructura crítica. Esta adopción generalizada se ajusta a la tendencia global de la que estamos siendo testigos en todos los sectores.
Dicho esto, no cabe duda de que este nivel de madurez trae consigo tanto oportunidades como desafíos. Con la IA integrada en todas las operaciones, la gobernanza debe escalar para reciprocar esta situación. Además, las organizaciones que aún están experimentando con la IA a día de hoy pronto se tendrán que enfrentar a los mismos retos de supervisión que ya están afrontando las que van más avanzadas.
Cómo medir el valor de la IA y el rol de la gobernanza
La IA ya no se trata como un experimento; es un activo empresarial con retornos calculables. La abrumadora mayoría de los encuestados, el 87 % para ser exactos, afirma disponer de un buen nivel de madurez a la hora de medir el ROI de la IA, lo que indica un grado de sofisticación que no existía hace tan solo unos años.
Sin embargo, existe un problema y es que casi el 40 % admite que sus cálculos son inconsistentes, y cuando la medición es inconsistente, la gobernanza se resiente. Al fin y al cabo, no puedes gobernar de manera eficaz aquello que no puedes medir con fiabilidad.
Y aquí es donde los equipos de gobernanza pueden abarcar mucho más que el ámbito del cumplimiento normativo y demostrar su verdadero valor estratégico. Al alinear la supervisión con las iniciativas de IA críticas para el negocio, la gobernanza deja de ser un freno y pasa a convertirse en un acelerador para el crecimiento.
La realidad: riesgos y obstáculos
La gobernanza de la IA está consumiendo más tiempo y recursos porque los riesgos se están multiplicando. De hecho, las vulnerabilidades de ciberseguridad, el uso de IA de terceros y lo que muchos denominan «IA en la sombra» están escalando rápidamente en la lista de amenazas que se subestiman demasiado.
Al mismo tiempo, los equipos de gobernanza se enfrentan a obstáculos estructurales: las herramientas heredadas no están integradas con las plataformas de IA; las revisiones suelen realizarse demasiado tarde en el ciclo de desarrollo; y muchas organizaciones gestionan múltiples sistemas desconectados. Todo esto genera cuellos de botella que provocan mucho trabajo manual y que ralentizan todo el proceso. En definitiva, estamos intentando gobernar tecnología del siglo XXI con procesos del siglo XX, y la cosa no está yendo bien.
El camino a seguir: la gobernanza lista para la IA
A pesar de los muchos desafíos, somos optimistas, y también lo son los líderes que hemos encuestado. De hecho, casi todos planean aumentar la inversión en gobernanza, con un incremento medio del presupuesto del 24 %. Esta inversión refleja una comprensión más profunda: la gobernanza responsable permite una innovación en IA sostenible.